Tiene 29 años, ganaba US$250.000 como ingeniera de software y dejó todo para tener su cafetería de matcha

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Michelle Yeung abandonó su empleo soñado como ingeniera de software para emprender. Conocé su inspiradora historia de esfuerzo y un radical cambio de vida.

Michelle Yeung, de 29 años, ganaba alrededor de 250.000 dólares anuales trabajando como ingeniera de software en Nueva York. Sin embargo, pese a su gran estabilidad económica, decidió abandonar su antiguo puesto para buscar un nuevo propósito y abrió su propia cafetería especializada en té.

De ingeniera de software a dueña de su propia cafetería

La joven confesó que su antiguo empleo detrás de una pantalla se sentía como un "trabajo falso" y sentía la profunda necesidad de encontrar un significado real en lo que hacía todos los días. Su transformación profesional no fue una decisión impulsiva:

  • Viajó a Japón para investigar a fondo los detalles y la preparación del matcha.
  • Trabajó en turnos de madrugada en Starbucks para aprender sobre las operaciones comerciales diarias.
  • Luchó contra distintos contratistas para lograr transformar un local vacío de Manhattan en su soñada cafetería.

Hoy en día, Yeung dirige exitosamente Matcha House, un local ubicado en el Lower East Side de Manhattan que se especializa en este fino té verde. El establecimiento abrió sus puertas en julio de 2025 y proyecta ser rentable durante su primer año de operaciones.

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Los enormes sacrificios de apostar por los emprendedores

Para lograr abrir su negocio, Yeung relató que invirtió aproximadamente 150.000 dólares de sus ahorros personales. Además, realizó recortes drásticos en su estilo de vida, abandonando su costoso departamento de 3.300 dólares mensuales para mudarse con un compañero de cuarto y disminuir sus gastos fijos.

Actualmente, espera pagarse a sí misma un modesto sueldo de 33.000 dólares en 2026, lo que representa un masivo recorte salarial del 87% respecto a lo que ganaba en el rubro tecnológico. "Mi vida se trata menos de cuánto dinero gano ahora y más de lo que hago todos los días", concluyó la dueña del local, completamente feliz con su rotundo cambio de vida.

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